fbpx
hola@cerebritoperez.com - Envío Gratis (Península)

La mejor manera de enseñar música es fomentando que los niños participen activamente en la clase

En la céntrica librería bilbaína Sopa de Sapo y, alrededor de un círculo, varios niños comienzan su taller de música. Nerea García, de 21 años, es la profesora de esta actividad lúdica que pretende despertar la curiosidad de los más pequeños por la práctica musical.

Music LAB, encargada de impartir estos talleres, es una compañía que echó a andar con el propósito de acercar la música a los niños y niñas de una forma divertida y estimulante. Nerea explica que quienes la integran son todos músicos hastiados del aprendizaje recibido. “Toco el violín desde los 10 años y me aburría muchísimo yendo al Conservatorio porque para tocarlo una hora, tenía que acudir a otras cuatro de teoría”, lamenta Nerea.

Los beneficios de la educación musical

La clase comienza al ritmo de las palmas y, cada participante, se presenta diciendo su nombre. De esta forma, se estimula la expresión corporal del niño. “Los críos comienzan a venir con un año y, hasta los tres, lo hacen acompañados de sus padres”, explica Nerea. En los talleres que participan niños de cuatro a ocho años, la presencia de adultos ya no es tan necesaria.

Los padres se involucran en los juegos con sus hijos

Los beneficios de la educación musical son múltiples. “Incrementa la autoconfianza y contribuye a resolver problemas de falta de autoestima”, destaca Nerea. Además, la práctica musical posibilita hacer nuevas relaciones y amistades. 

Después de calentar todo el cuerpo, los críos empiezan a ensayar una nueva canción al ritmo de las panderetas. “¡Qué sonido más guapo!”, exclama entusiasmado uno de las alumnos. La composición contiene palabras en inglés facilitando así a los niños el aprendizaje de otros idiomas y potenciando la memorización de términos extranjeros.

Cuando son más pequeños les llaman especialmente la atención aquellos instrumentos musicales que hacen más ruido como los tambores o las campanas”, confirma Nerea. En cambio, a medida que son más mayores, son los instrumentos de cuerda los que más les atraen.

Elección del primer instrumento musical

Durante el taller de hoy, también comienzan a familiarizarse con las notas musicales y Nerea se convierte en una excelente impulsora promoviendo que los alumnos participen activamente en la clase. “No quiero que los niños tengan una primera interacción negativa con la música y que dejen de aprenderla porque les resulte aburrido”, destaca la profesora.

El primer instrumento musical debe ser una elección exclusivamente de cada niño pero, antes de iniciarle en la práctica de alguno de ellos, los chavales deben conocerlos. Por ello, en la sesión de hoy, Nerea les muestra un ukelele para que sus alumnos rasguen sus cuerdas y se familiaricen con su sonido. Y, ¡cómo no! apretar las cuerdas de la guitarra les resulta muy goloso a los pequeños músicos. De hecho, el éxito de la guitarra es incuestionable entre los más pequeños. Que descubran el sonido por sí mismos es otro de los objetivos principales del taller.

Tras varios juegos, la hora de clase va llegando a su fin y es hora de cantar todos juntos la canción que se ha ensayado desde el principio y varias veces a lo largo de la tarde. Este entrenamiento ayuda a potenciar la memoria y la agilidad mental de los peques.

Mientras sigo tomando notas para mi post, me descubro tarareando la canción al compás de la guitarra de Nerea. ¡La hora de taller se me ha pasado volando!

 

 

Añade tu comentario

Abrir chat