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Lo que siempre quise decirle a mi mamá

Seguramente muchos de vosotros habréis escrito una carta para vuestras madres por su día. Siendo niño yo también escribí la mía para entregársela tal día como hoy pero, por motivos que ya no recuerdo, quedó sepultada bajo la cantidad de objetos que, por entonces, acumulaba en los cajones de mi habitación. Hace poco la encontré entre cajas de mudanza varias y me emocioné al leer mis palabras escritas con trazo poco firme pero con la emoción desbordante de un crío.

La carta a mi mamá

Podría decir muchas cosas buenas de ti y todas ellas serían verdad pero, si tuviese que escoger una, me quedo con tu mirada limpia. Ninguna otra cosa en el mundo se asemeja a la mirada siempre limpia de una madre. Da igual lo que hayamos hecho, el amor hacia sus hijos siempre es incondicional. Y lo es tanto que, a menudo, nos olvidamos de decirles lo mucho que las queremos. Y, sobre todo, de demostrárselo. Por eso hoy quiero decirte lo mucho que te quiero y todo lo que significas para mí, mamá.

Si hay algo que me gusta es jugar contigo y salir a andar en bici por el campo todos los fines de semana que la lluvia no nos lo impide. Tu firme creencia de que la naturaleza es la mejor aula de aprendizaje nos ha hecho compartir momentos inolvidables en los parajes naturales más bonitos que podría imaginar. Los días previos a nuestras excursiones siempre protesto y me hago el remolón porque la idea de seguir jugando a la consola resulta tan tentadora… Sin embargo, ¡tu determinación es tal que no admite protesta alguna! Quiero pedirte perdón por esas quejas y darte las gracias por tu obstinación porque pocas sensaciones son tan mágicas como contemplar juntos la naturaleza. Es uno de los mejores escenarios para seguir haciendo recuerdos juntos, mamá.

Gracias también por levantarte mucho más temprano que yo todas las mañanas y tenerlo todo listo para cuando, con los ojos cubiertos aún por las legañas, yo aparezco por la puerta de la cocina. ¡No hay nada mejor que despertarse con tu zumo de naranja natural recién exprimido…!

Y… ¿qué me dices de la cantidad de tiempo que pasamos hablando? En nuestras conversaciones siempre me acabas diciendo que tu vida, antes de que yo llegase al mundo, sólo fue un mero ensayo. Me relatas muchas de las noches en vela que te hice pasar con mis llantos cuando era bebé y todos los malabarismos que tenías que hacer para lograr calmarme. Me cuentas que te da miedo fallarme y no ser la madre perfecta y, entonces, yo me sonrojo, te cojo de la mano y te digo que nunca hubiese podido imaginar una mejor madre que tú. Las habrá igual supongo pero… ¿mejor que la mía?… ¡Imposible!

Te pido perdón de antemano por el desconcierto de ideas que te expongo en esta carta pero, en mi cabeza de niño, todas bullen de manera desperdigada. Será que concentrar todo lo que significas para mí en una carta es casi imposible aunque espero poder transmitírtelo con mi mala letra y en este papel un pelín arrugado. De sobra sé que para ti será la carta más maravillosa del mundo…

Supongo que todo se resume en que el vínculo más estrecho que pueda existir en el mundo es el que une a una madre con su hijo. Podremos estar rodeados de muchas otras personas pero la maternidad siempre será, exclusivamente, un asunto de dos. Y, nosotros mamá, ¡hacemos un gran equipo!

Te quiero con todo mi corazón, mamá

Cerebrito Pérez

P.D.: No olvidéis decirle a vuestras madres todo lo que significan en vuestras vidas. ¡Feliz Día a todas ellas!

 

 

 

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